Conoció a mi hija Emily.
Y yo conocí mejor a su hija Sarah.
Dos meses después, David vino a visitarme a mi ciudad.
Cuando lo vi en el aeropuerto, mi corazón comenzó a latir tan deprisa como el día en que nos conocimos.
Se acercó sonriendo.
—Mary, esta vez no voy a huir.
Me eché a reír.
—Más te vale, porque yo tampoco pienso volver a escapar.
Empezamos a vernos regularmente.
A veces yo viajaba a Boston y otras veces él venía a visitarme.
Y con cada encuentro nos conocíamos un poco mejor.
Seis meses después, regresamos a Madeira.
En el mismo restaurante, David me tomó de la mano.
“You know, Mary, for a long time I thought the only way to be faithful to Nancy was to never love any other woman again.
I listened to it carefully.“But one day Sarah said to me, ‘Dad, Mom loved you so much that I would never have wanted her memory to become the reason for your loneliness.’